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Aumenta el cultivo de la trufa en Catalunya






Article publicat a LaVanguardia.com  Lleida 11.02.14


El diamante negro de la gastronomía, la trufa, se consolida como cultivo en Catalunya, en especial en las comarcas de montaña. La crisis y los recortes de ayudas han decidido a muchos agricultores a buscar un complemento a sus ingresos habituales, pese a que en los últimos años la meteorología no ha propiciado una cosecha de buena calidad y, por extensión, bien pagada.

Actualmente un 10% del total de producción catalana ya proviene de plantaciones, un hito teniendo en cuenta que los primeros cultivos empezaron a aparecer en 2007. Ya ocupan 560 hectáreas, aunque a la mayoría de ellas todavía le quedan unos años para ser productivas. Para extraer los primeros frutos, el terreno debe ser labrado durante 5 o 6 años. Y debe ser apropiado: los más recomendados son los de media montaña -de 500 hasta 1.600 metros de altura- , que drenen bien y no sean demasiado arcillosos. Si fructifera, ofrecerá dos cosechas al año, una en invierno y otra en verano. 

Según el responsable de Defensa del bosque del Centro Tecnológico Forestal de Catalunya (CTFC), Daniel Oliach, esta temporada darán las primeras trufas de cultivo varias zonas de la Noguera, el Montsec y el Alt Urgell, así como el Pallars Jussà y Les Garrigues. Según Oliach, algunas parcelas cuentan con un buen sistema de riego y han conseguido acortar los años improductivos de preparación del terreno, hasta un mínimo de cuatro. La trufa de cultivo depende menos de la exigente meteorología, porque el propietario puede gestionar la humedad del suelo, conseguir una calidad mínima aceptable y "estabilizar la producción", defiende Oliach.

Récord de producción, precio a la baja
Esta temporada la producción de trufa en los bosques catalanes prevé superar las cuatro toneladas, un récord en comparación con los últimos dos años, en los que no se había conseguido sobrepasar las tres toneladas. La llegada repentina del frío y la carencia de precipitaciones durante los meses de otoño han hecho aumentar la producción pero, por el contrario, interrumpieron la maduración de la trufa. Y esto ha reducido su valor de mercado, porque la calidad se mide en función del aroma, el color y la medida.

En consecuencia, el precio por kilo ha descendido y este año oscila entre 150 y los 350 euros, explica Oliach. Aun así, un estudio de la Fundació Món Rural (FMR) facilitado por el Departament d'Agricultura señala que el valor económico del sector de la trufa en Catalunya podría aproximarse ya a los 1.365.706 euros al año. Y la previsión es que aumente, porque las lluvias de los últimos meses hacen augurar una cosecha de alta calidad este verano.

Este invierno se habrán producido entre 150 y 200 kilos a la semana de trufa. Aunque existen 30 especies de trufa distintas, las más comunes son la trufa blanca o de verano y la negra, la más apreciada. 

Furtivos
La recolección de la trufa silvestre está muy regulada y tiene que hacerse dentro de unos períodos determinados: el de invierno va del 15 de noviembre a finales de marzo y el de verano comienza en mayo y termina en agosto. Además es imprescindible tener licencia personal para poder recogerlas y comercializarlas. "No se pueden ir cogiendo por ahí, en primer lugar porque son difíciles de encontrar y en segundo lugar porque si son de cultivo tiene un propietario", explica Llorenç Ricou, jefe de los Agentes Rurales de la provincia de Lleida.

Teniendo en cuenta el precio al que se venden las trufas, añade, "hay que poner atención a los truferos furtivos, los que no tienen licencia". "¡La trufa se considera muchas veces mejor que el caviar!", ríe.

"En la última campaña de verano hemos cogido a dos buscadores sin licencia en la comarca de la Noguera, pese a que es difícil encontrarlos", asegura Ricou. Según la legislación catalana, es indispensable estar en posesión de una licencia y de una autorización del titular del terreno dónde esté enterrada la trufa. Según Ricou, no es complicado conseguir la licencia, de hecho en Catalunya el pasado 2013 se concedieron 313 licencias, según fuentes del Departament de Agricultura de la Generalitat, una cifra que se mantiene estable.

Tampoco ayuda a detectar furtivos que muchos hurtos no se denuncien. Los cultivos pasan de padres a hijos con discreación. "Muy a menudo, los cultivadores de trufa quieren mantener en secreto que lo son, por eso cuesta encontrar a ladrones de trufas, ya que ni los propios amos nos explican que han sufrido un robo", añade Ricou. Otros furtivos habituales, aunque no puedan ser detenidos ni multados, son los jabalís. "¡Les encantan las trufas!", exclama Ricou.

Reto económico
El Centro Tecnológico Forestal de Catalunya quiere potenciar el cultivo en las comarcas con terrenos y meteorología propicios. Pese a la aureola de secretismo que ha envuelto al sector durante décadas, Oliach insiste en qué está despareciendo ese obscurantismo en favor de un impulso más claro como estrategia económica para capear la crisis y fortalecer al sector primario. "Era un mundo oscuro antes de proliferar su cultivo", matiza Oliach. Define la trufa como "un producto atractivo", sobre todo la trufa selecta y de máxima calidad, que puede llegar a pagarse a 900 o incluso 1500 euros. "A parte de la trufa selecta, el resto no es un producto de lujo, por lo que mucha gente puede interesarse por probar poca cantidad", asegura.

"Llevar el agua al cultivo es el mayor problema", explica Oliach. Al estar situados mayoritariamente en el Pirineo y Prepirineo, la canalización del agua para el riego es más difícil. Además, el régimen de lluvias ha cambiado en los últimos años provocando una mayor sequía, por lo que resulta aún más necesario contar con un sistema de riego de apoyo. Para Oliach, el riesgo de sufrir robos no difiere mucho del resto de cultivos: "También roban en granjas o en fincas de árboles de fruta". "Y hay que tener en cuenta que las trufas no están a la vista", apunta.

En el conjunto de la producción española, Catalunya todavía es una productora minúscula. El 80% se cultiva en Teruel y Castellón, que tienen mucha más tradición y arraigo en el mercado estatal. Sin embargo, o causa de ello, el 90% de la trufa que se recoge en Catalunya se exporta al extranjero, sobre todo a Francia e Italia.

Menor consumo en los restaurantes catalanes 
Oliach reconoce que la crisis económica "ha afectado" al sector y que los restaurantes han disminuido el consumo de este ingrediente, por lo que plantea vías de promoción que compensen la caída. Según el responsable del CTFC, el auge de los cultivos representa una excelente oportunidad para abrir mercado, porque garantizaría una producción estable y de calidad.

También considera "muy importante" que las escuelas de hostelería enseñen "como incorporar la trufa a la cocina", para que "la gente que empieza en este negocio conozca la trufa desde un principio". "Tenemos la idea que es un producto de élite, pero es muy sencillo de utilizar", resume.